En la misma época en que Vermeer pintaba algunos de los cuadros de mayor
exactitud en la representación de las cosas, su amigo el óptico Leeuwenhoek
desarrolló una lente capaz de magnificar las imágenes hasta 275 veces. Mirar
con atención, más allá de lo visible, de lo aceptado, e incluso de lo
imaginable, es una tarea que comparten el artista y el científico.